lunes, 23 de enero de 2012

UN HÉROE Y UN VILLANO


Debido a los incalificables insultos que estoy recibiendo por e.mail de parte de una serie de anónimos católicos sumamente cabreados por mi ataque a los desmanes cometidos por ciertos miembros de la Iglesia Católica, publico de nuevo este post que titulé anteriormente como UN CARDENAL GOLPISTA, editado hace un par de años. Esta vez le toca a Chile y también a uno de sus purpurados miembros: El Cardenal Jorge Arturo Medina Estévez, que en el Golpe Militar de Pinochet actuó como un despreciable villano traicionando a su Pueblo y al propio Jesucristo. Si no quieren taza, taza y media. Y que cada cual aguante su vela.

Se podrá estar de acuerdo o no sobre lo que aquí escribo, pero soy testigo de cargo de cuanto aconteció, por lo que nadie debería opinar sólo de oídas. Para rebatir lo que aquí expongo, se tiene que haber vivido en aquel tiempo, estando presente físicamente en las calles de Santiago como yo lo estuve.

Post dedicado a la memoria de un patriota, un Santo Varón, un héroe y hombre de honor llamado Cardenal Raúl Silva Enríquez. Yo tuve el privilegio de hablar largo y tendido con su persona y estuve junto a él cuando el general Pinochet, pisoteaba en Chile los Derechos Humanos. El Cardenal chileno Raúl Silva Enríquez fue el único representante de la Iglesia Católica que se atrevió a plantar cara al dictador mientras el Estado Vaticano hacía oídos sordos a sus Homilías, no dándose por enterado de la terrible situación chilena.

Amenazado de muerte por la extrema derecha, no se inmutó lo más mínimo y desde el púlpito mediante sus Homilías, lanzó la más feroz batalla que recuerda la Historia contra un tirano que estaba haciendo añicos a su amada Patria. Es por ello, que en su memoria, edito el presente post junto con el vídeo que podéis ver al final de esta entrada. Un breve vídeo de cuatro minutos que os recomiendo veáis y sobre todo, escuchéis hasta el final.  

El jueves 2 de Abril de 1987, el Papa Juan Pablo II visitó en Chile al Presidente-Dictador Augusto Pinochet en el Palacio de la Moneda. Yo estaba allí y 25 años después os ofrezco este extracto de un capítulo perteneciente a mi novela “RELATOS DE VIAJES Y DE VIAJEROS”
Copyright © 2010 José Luís de Valero.
Todos los derechos reservados.
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No respeto tus canas. Ni tampoco tu capelo cardenalicio. Y no te guardo respeto alguno puesto que con los miserables como tú, aunque vayan revestidos de púrpura no caben reverencias. Así como tú continúas repartiendo bendiciones entre los poderosos como si fueran bonos estatales al portador, así yo te lanzo mis maldiciones escupiendo sobre esa mano que bendice, permitiéndose y otorgándose el derecho de hacerlo en nombre de Dios.. Escupo sobre esa mano que tras consagrar la Sagrada Forma, ha pactado, firmado acuerdos, bendiciendo y estrechado amigablemente las manos de un genocida y las de los torturadores de un pueblo.




Cardenal Jorge Arturo Medina Estévez

Escupo toda mi rabia sobre ti, Cardenal Jorge Arturo Medina Estévez, chileno de nacimiento. Si la justicia divina existe, en la hora de tu muerte maldito serás de Dios por llevar Su Nombre adosado a tu infamia. El pueblo chileno no olvida y los españoles que pisamos en algún momento esa tierra chilena y supimos de ti, tampoco. No hay que echar en saco roto tu trayectoria.

Tras ser obispo en Valparaíso, merced a tus contactos políticos y sobre todo papales, en el año 1996 te incrustaste en el Vaticano escalando a puestos de privilegio. Llegabas a Roma tras pisar los cadáveres de todos los ciudadanos asesinados y desaparecidos en Chile cuando tú ejercías de simple obispo golpista bajo el régimen dictatorial de Pinochet.

Tú fuiste uno de los más fieles allegados del general. Discípulo aventajado del golpismo, justificaste en tus homilías todas las torturas y asesinatos que en el nombre de Dios, (tu único dios es el poder), y por mandato de Pinochet se cometían en Chile. Siempre hablando en nombre de Dios, escudándote en Él para justificar lo injustificable, para intentar demostrar a pie de púlpito que toda la sangre vertida, toda la humillación sufrida por los débiles, por la pobre gente del pueblo, todo ello era por el bien común de Chile.

Aquí en España también hubo un tiempo que tuvimos entre nosotros a demonios travestidos de ángeles. Purpurados surgidos del mismísimo infierno. Como tú. En tiempos del franquismo existían obispos y cardenales como Gomá, Plá y Daniel, Segura, Eijo Garay, ect, que paseaban a Franco bajo palio, alababan a los poderosos pendientes siempre de heredar todo o parte de su patrimonio, despreciaban a los pobres simplemente por el hecho de serlo y a la mínima oportunidad alzaban el brazo saludando con firmeza y decisión hitleriana.

Vosotros, los mercaderes de almas, los verdugos de Dios, siempre habéis poseído una especial ascendencia con el poder establecido y si ese poder es absoluto, mejor que mejor. El poder estatal apoyado por las armas amenaza la carne del pueblo con prisión o muerte, y vosotros mediante el poder religioso, amenazáis sus almas con el infierno eterno. Ambos poderes, estatal y religioso sois despreciables.

Ayer te vi en televisión. Ahora ya eres cardenal, príncipe de una Iglesia cuyos cimientos años ha se estremecen por el propio peso de toda la vergüenza que soporta desde su fundación. Según información vaticana, serás el portavoz cardenalicio, el encargado de proclamar el nombre del nuevo Papa: "Nuntio vobis gaudium magnum ¡Habemus Papam! “

Todos vosotros, Príncipes purpurados y plebeyos de negras sotanas estáis aguardando el pistoletazo de salida, la proclamación de un nuevo pontífice que supla al anciano polaco poseedor de las llaves de Pedro. Con ello se abrirá la veda que mediante vuestro voto, otorgará el poder al más capaz o al más inepto para vuestros fines políticos y financieros.

Una vez muerto el actual Papa, cuando el sello papal se haga añicos destruido de un martillazo por el Camarlengo, espero que de igual forma se destruya para siempre el recuerdo y la imagen de Juan Pablo II en su visita a Chile en Abril de 1987, cuando tras dar la comunión en el Palacio de La Moneda a Pinochet y a su cuerpo de torturadores, asesinos, canallas y malnacidos, todos ellos con las manos manchadas de sangre, y acompañado del asesino mayor, salió el Papa al balcón presidencial a impartir su bendición a los fieles. El genocida del pueblo chileno sonreía dando escolta al Vicario de Cristo en la Tierra.

Hubo gente, mucha gente que se giró dándole la espalda, no aceptando la bendición papal. Yo estaba allí y también me di la vuelta. Desde aquel día no acepto bendiciones de nadie.



Cardenal Raúl Silva Enríquez

Y que no se arguya que el pueblo chileno tras la masacre del general Pinochet se hallaba cargado de motivos anticlericales. En Septiembre de 1999 todo Chile se reunió en las calles de Santiago para despedir a un hombre de Dios y del pueblo, un anciano que murió a la edad de 91 años, y que en tiempo de la dictadura plantó cara al genocida.

El ataúd conteniendo el cuerpo del Cardenal Raúl Silva Henríquez, fue paseado por Santiago en olor de multitud, de santidad diría yo, aupado por un desgarrador grito que salía de las entrañas del pueblo chileno " ¡Raúl, amigo, el pueblo está contigo!" . Y lo estaba, porque aquel coloso, auténtico enviado de Dios, era conocido en círculos militares como "el cura rojo" y en contrapartida fue llamado por el pueblo, "la voz de los sin voz".

Nada tenía que ver la grandeza humana de ese gran hombre con tu infame persona, Cardenal Medina Estévez. Cuando tú te fuiste, contigo marchó parte de la humillación y de la vergüenza que tanto católicos como laicos tuvieron que soportar cuando el poder militar por un lado y parte del poder religioso por otro, masacraron vidas y creencias. Y tú formabas parte de la conjura religiosa que se unió al poder de las armas.

Por todo ello, Cardenal Jorge Arturo Medina Estévez, te maldigo, te escupo y te desprecio. Ignoro si a estas alturas de siglo todavía estás vivo o mejor ya eres pasto de gusanos, pero en un caso u otro te maldigo con toda la fuerza de mi alma. Un alma la mía, que de existir como tal y de entrar en el reino de los cielos, cosa que dudo, caso de encontrarte sentado a la diestra de Dios Padre, saldría a escape como alma que lleva el diablo a refugiarse en los infiernos. Renunciaría al Paraíso con tal de no estar junto a ti.

La gente de tu calaña, sois peligrosos hasta muertos y en la Gloria.

Copyright © 2010 José Luís de Valero.
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viernes, 20 de enero de 2012

PENA DE MUERTE EN NOMBRE DE DIOS



Con este post sólo intento refrescar la memoria de un más que fanático colectivo católico, empeñado en defender lo indefendible respecto a la perversa relación que siempre ha existido entre la Iglesia y el Estado, ese aberrante monstruo de dos cabezas al que me refería en otro de mis post. Como ejemplo de mortal aberración, hoy toca Argentina, aunque su vecina Chile, años antes tampoco se había librado del genocidio.

Cuando las FFAA de Argentina tomaron el poder en 1976, la estrecha relación existente entre el clero y los militares golpistas y genocidas argentinos, se vio reafirmada por la cercanía de los militares en el poder con monseñor Adolfo Servando Tortolo, Arzobispo de Paraná a la cabeza, que además y por si fuera poco, oficiaba como vicario castrense de las FFAA, a la vez que ostentaba la presidencia de la Conferencia Episcopal Argentina. O sea, que al monseñor de marras le llovían los cargos y estaba muy ocupado en sus labores “pastorales”. Y si lo entrecomillo tengo mis motivos como se verá.

El 23 de septiembre de 1975, meses antes de producirse el golpe militar, en una homilía pronunciada frente al general Roberto Viola, jefe de Estado Mayor del Ejército, otro monseñor del carajo, Victorio Bonamín se preguntaba: “¿No querrá Cristo que algún día las FFAA estén más allá de su función?”. Esa frase obtuvo un inmediato aplauso y seguimiento, porque el 29 de diciembre, el Arzobispo Tortolo revestido de pontifical profetizó al más puro estilo hitleriano que se avecinaba “un proceso de purificación”. Así, con dos cojones.

Cuando los golpistas tomaron el poder en 1976, las máximas autoridades de la Iglesia Católica apoyaron el golpe. Y el Vaticano calló, como de costumbre. Los obispos estaban convencidos de que el nuevo gobierno sería una barrera que pondría fin al avance de la izquierda. Varios obispos legitimaron con argumentos teológicos el plan sistemático de exterminio ideado por los militares.

Se referían a la acciones represivas y futuras masacres con frases como “cuando hay derramamiento de sangre hay redención”; “Dios está redimiendo, mediante el Ejército, a la nación argentina”; “el país se encuentra en una Guerra Santa en defensa de Dios y en contra de los enemigos de la patria”, y varias frases más por el estilo, por lo que los mandos militares, convertidos en una especie de Cruzados o Ayatollhás de la pampa, se liaron a hostias con el pueblo indefenso al que masacraron sin piedad.

El vídeo que veréis a continuación trata sobre los Vuelos de la Muerte, bendecidos por el genocida Arzobispo Tortolo. Y eso no lo digo yo: En el vídeo lo afirma con pelos y señales un oficial de la Armada Argentina encargado de lanzar al Atlántico Sur desde un avión, a las personas condenadas a muerte por la dictadura militar. Y esas personas no eran cadáveres. Estaban vivas.

El apoyo del sátrapa castrense llegó al punto de defender la tortura en las asambleas episcopales, con argumentos extraídos de teólogos y pontífices medievales. Al respecto, el genocida Adolfo Scilingo (al que podréis ver y escuchar en el presente vídeo), confesó que los métodos practicados en los “Vuelos de la Muerte” tuvieron el consentimiento de la jerarquía eclesiástica, según la cual “la tortura sólo era considerada pecado en tanto superara las 48 horas de martirio”, credo inquisitorial que por cierto manda huevos. Algunos torturadores declararon que “cuando teníamos dudas, nos dirigíamos a nuestros asesores espirituales, y estos nos tranquilizaban con sus pláticas”. Numerosos testimonios prueban el empeño puesto por varios vicarios al momento de darle una “explicación cristiana” a los métodos utilizados, justificándolos al decir que “incluso en la Biblia está prevista la separación de las malas hierbas del trigo”. Adolfo Scilingo fue juzgado en Madrid y condenado a prisión de por vida.

El hideputa (¿puedo llamarlo así, no sea caso que de nuevo se ofendan los católicos radicales?) del Arzobispo Tortolo legitimó la represión y la tortura. El joputa de Tortolo era de los pocos sacerdotes que conocían el plan sobre un golpe de Estado. Videla, como buen dictador, se confesaba casi a diario con él pidiéndole consejo, al que el Arzobispo Tortolo, definitivamente, “alias” hijoputa, contestaba que creía conveniente el cambio de gobierno y la aplicación de la máxima dureza a los disidentes. En los años de la última dictadura militar en Argentina, un grito se contagió de boca en boca: “Iglesia, basura, vos sos la dictadura”.

En su biografía, extraída de los propios archivos vaticanos, puede leerse: “Con respecto a su paso y pastoral labor durante la dictadura militar argentina, sólo los que le trataron muy de cerca saben de sus angustias y de todo el silencioso bien que hizo. Tenía influencia y prestigio en la Fuerzas Armadas y los empleó mitigando excesos y curando heridas. Los que lo conocieron bien de cerca, saben que hizo lo humanamente posible, y tal vez un poco más”.

El Estado Vaticano ya sabemos de qué pie cojea,… en las biografías religiosas siempre tan magnánimo con sus “pastores”. Pero yo creo que para completar su misión “Pastoral”, el hijoputa del Tortolo se quedó corto. Le faltó dar personalmente la Extremaunción a las más de cuatro mil cuatrocientas personas que fueron lanzadas al Atlántico desde un avión en pleno vuelo.



PENA DE MUERTE EN NOMBRE DE DIOS por devalero

martes, 10 de enero de 2012

CARTA ABIERTA A UN HIDEPUTA


Y te lo digo así, HIDEPUTA, en castellano antiguo, que queda más fino que redactar que eres un hijo de la grandísima puta.

Va por ti, Javier Martinez, de profesión Arzobispo de Granada y Master en homilías dignas de haber sido pronunciadas por el mismísimo Tomás de Torquemada. Ignoro la fecha en la que te dirigiste a los fieles desde el púlpito, vomitando unas palabras igualmente dignas del peor de los miserables. Pero a pesar de ello no me resisto a llamarte hijo de la grandísima puta, aunque posiblemente tu santa madre sea una bellísima persona.

Estoy de acuerdo contigo cuando en tu homilía dices que consideras el aborto "como un genocidio silencioso". Eso también lo dije yo hace unos años en este mismo blog y mediante tres vídeos consecutivos, acusando formalmente a Zapatero de asesino y genocidio ante el Tribunal de la Unión Europea.

Pero tu acusación suena a hueco cuando prosigues manifestando: "los crímenes nazis no eran tan repugnantes", comparación que considero digna de los mejores tiempos hitlerianos. O sea, que según tu, convertir en humo a millones de personas es menos repugnante o no es tan repugnante como practicar el aborto,

Pero cuando te echo definitivamente a los leones y empiezo a cagarme en tus muertos es cuando enfáticamente dogmatizas: "Matar a un niño indefenso y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer"

Estas últimas palabras ¿son o no son suficientes para levantar una pira y quemarte en la hoguera, grandísimo cabrón?....¿Cómo se pueden pronunciar semejantes atrocidades desde un púlpito y después consagrar el Cuerpo de Cristo?...¿Quién coño te crees que eres, mal nacido?....¿Cómo osas profanar la fe de los cristianos?...Maldito seas hasta el fin de los siglos.

Tus palabras no sólo merecen una reprimenda Papal, reprimenda que por supuesto jamás llegara a tu palacio arzobispal porque casi todos sois chacales de la misma camada. Lo que sí merecen tus palabras son una denuncia ante un tribunal civil, acusándote de enaltecimiento de la llamada Violencia de Género, porque con tu homilía das carta blanca a los hijos de puta que violan a sus mujeres. "ABUSAR DEL CUERPO DE LA MUJER, LICENCIA ABSOLUTA, SIN LÍMITES" .....Son tus propias palabras, maldito bastardo.

No mereces ni un segundo más de mi tiempo. A las alimañas como tú, lo más conveniente es aplastarlas y seguir camino por este valle de lágrimas. Un valle de lágrimas en el que chacales como tú habéis convertido la fe en escombros, traicionando con ello el legado de amor que nos dejó un galileo ejecutado en una cruz.


Para quien desee documentarse sobre el tema, aquí tenéis el link de acceso.