PEDERASTIA OCULTA POR EL VATICANO por devalero
viernes, 24 de enero de 2014
UN PAPA CON LÁTIGO Y ESPUELAS
PEDERASTIA OCULTA POR EL VATICANO por devalero
lunes, 23 de enero de 2012
UN HÉROE Y UN VILLANO

El jueves 2 de Abril de 1987, el Papa Juan Pablo II visitó en Chile al Presidente-Dictador Augusto Pinochet en el Palacio de la Moneda. Yo estaba allí y 25 años después os ofrezco este extracto de un capítulo perteneciente a mi novela “RELATOS DE VIAJES Y DE VIAJEROS”

Cardenal Jorge Arturo Medina Estévez

Cardenal Raúl Silva Enríquez
viernes, 20 de enero de 2012
PENA DE MUERTE EN NOMBRE DE DIOS

PENA DE MUERTE EN NOMBRE DE DIOS por devalero
viernes, 5 de noviembre de 2010
YO TAMPOCO TE ESPERO, RATZINGER

PEDERASTIA OCULTA POR EL VATICANO
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lunes, 3 de mayo de 2010
DUDAS TEOLÓGICAS
viernes, 9 de abril de 2010
OPUS DEI, Traficantes de Almas, Capítulo V
Un diablo con sotana.
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En el Opus Dei hablar del diablo es uno de los principales argumentos cada vez que los directores de centros, siguiendo la línea trazada por su fundador, se refieren enfáticamente a los ataques por los que pasa la prelatura. Lo justifican porque “el diablo está muy activo y se nota”- según comentan.
Buceando en los archivos de opuslibros.org se encuentran miles de testimonios, cartas y escritos ciertamente impactantes como los de Ana Azanza y otros autores que le dejan a uno bloqueado. He señalado en el presente extracto alguno de ellos y soy incapaz de comprender, cómo demonios esta secta de tarados y maníacos religiosos prosigue impunemente con sus fechorías, desarrollando acciones fuera de
También Josemari, el santo Marqués de Peralta, se refería en sus escritos al diablo, que aparece citado en 31 artículos con este nombre, y 22 con el de Satanás, hasta el punto de decir que la mayor parte de las veces lo escribía voluntariamente con letras minúsculas; y Lucifer, con 2. El Infierno aparece citado 11 veces.
San Miguel, que luchó contra Lucifer al frente de los ejércitos celestiales, aparece citado 3 veces. Los arcángeles San Gabriel y San Rafael son citados 2 veces. El tema de los tres arcángeles aparece en 123 puntos de “Camino”; en 71, de “Surco”; en 100 de “Forja”; en 128 de “Amigos de Dios”; en 62, de “Es Cristo que pasa” y en 40 de “Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer”. El llamado ángel de la guarda aparece en dos puntos y su tema es tratado 40 veces en “Camino”; 9, en “Surco”, 19, en “Forja"; 42, en “Amigos de Dios”; y 9, en “Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer”.
Tranquilos, que esto no es un milagro sanjosemariano, ya que estos datos son ciertos y verificados, so pena que el editor de Word se vuelva majara ante tanto santoral y meta la gamba. Basta simplemente con subir y editar el correspondiente texto, seleccionar Objeto de Búsqueda, darle a Buscar e incluir en su casilla la, o el total de las palabras que uno quiera buscar. Si lo deseas también te indica la cantidad exacta de palabras o textos idénticos.
Por lo tanto son las estadísticas oficiales de los escritos del fundador del Opus Dei, quien por cierto no tenía mucha simpatía por Pablo VI. Sin embargo, una vez que este Papa dijo que “el humo de Satanás se ha metido en
Y es que sin quererlo, los de
Cuando el barbastrino fundador del Opus viajó en barco por el Mar Mediterráneo rumbo a Roma para obtener la primera aprobación de
Dentro de
Y curiosa coincidencia. El título nobiliario de Marqués de Peralta, con toda su espiritualidad a cuestas…¿no sería de igual modo otro disfraz para engañar y comerle el tarro a la peña?. Ciertamente es un problema de difícil solución, aunque yo no espero que el problema del Opus Dei se solucione con plegarias, imágenes, santos, novenas y jaculatorias.
El problema se soluciona por ejemplo con nuestras acciones – así lo escribe Ana Azanza – que es contar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. La única solución factible y real es que todos los perjudicados y timados por el Opus den la cara, mostrando su testimonio ante la sociedad. Es la manera de prevenir que otras personas no se sumen al engranaje aportando su dinero, su tiempo, sus hijos y su confianza a esa secta regida por una mafia encubierta.
Pero los jerarcas de
La fe es algo real en el alma del que la tiene y de fe se vive, cuando se tiene. Pero tener fe no equivale a ser subnormal, aunque haya quien se empeñe por motivos diversos en hacer creer eso. La fe es perfectamente compatible con el ejercicio del propio pensamiento en libertad.
Vale la pena que otras personas que tienen derecho a su fe católica como cualquier creyente sincero en cualquier otra religión, sean alertadas de que el Opus de religión no tiene nada. Sólo la vestidura del fariseo para atraer y engañar.
Hay que informar a la gente. Y eso a los del Opus les jode porque hasta ahora se han creído invulnerables. Es fundamental que ciudadanos que no han pertenecido a
El Opus Dei peca. Peca de prepotencia, soberbia y endiosamiento. El primer pecado es sin lugar a duda que el Marqués-Fundador del chiringuito, tomó el nombre de Dios en vano al atribuirse visiones y revelaciones que se han demostrado falsas, y con las que ha seducido espiritualmente a miles de personas. Y ha engañado, además, con adulteraciones de la verdad histórica sobre la fundación, contando con la colaboración y el beneplácito de Álvaro del Portillo, otro pre-santurrón ya fallecido, que tal baila en el organigrama del Opus.
Es irreverente a la vez que repugnante que se introdujese una ceremonia para la veneración de la reliquia de Escrivá, y que esa ceremonia fuese tan semejante a la bendición con el Santísimo; aplíquese el cuento a la reliquia colocada en el centro del altar en una majestuosa custodia, su incensación y la bendición con la misma, similar a la bendición papal Urbi et Orbe…
El segundo gran pecado del Opus es que el Josemari y los directores ocupan el lugar de Dios en la conciencia de los miembros. Esto se encuentra institucionalizado mediante la práctica obligatoria de la dirección espiritual personal con los directores –que
Graves delitos son éstos. Con el primer y segundo pecado se consigue un doble efecto: quitar a Dios y sustituirle por los directores en la conciencia de los miembros, y eliminar mediante la obediencia la autonomía espiritual y humana de los mismos, con lo que el aparato de gobierno se queda como único dueño y señor de la persona en su ámbito más íntimo y sagrado. Y desde ahí, de todas las demás esferas personales, desnaturalizando en gran medida el desarrollo existencial del individuo.
Como si esto no fuese suficiente, en aras del llamado “buen espíritu”, para evitar –según ellos dicen- el peligro de la amistad particular y de las faltas de unidad, se prohíbe la libertad de comunicación con otros miembros en temas personales, de intimidad, y se denomina crítica a todo lo que sea comentar el propio parecer con cualquiera que no sean los directores. Este es otro gran pecado del que muchos en el Opus Dei no son conscientes, pues con esa prohibición se atenta contra el derecho natural de libre albedrío, comunicación y expresión, fundamental para la realización personal y comunitaria, y necesario para evitar totalitarismos.
En
Toda la tramoya y el escenario del Opus Dei se apoyan en esas tres patas de banco. Cuando cualquier numerario o agregado se libera de alguno de estos tres apoyos, comienza a descubrir los engaños de la institución y a salir del Gulag de su propia conciencia, Es entonces cuando toda la estructura ideológica de la “Obra de Dios” se desmorona. Es lo que ocurre cuando tras recapacitar, alguien comprende o llega a la evidencia de que no debe confiar ni en Josemari, ni en el prelado de turno, ni en la actuación corporativa de los directores que mangonean a su antojo, vidas, conciencias y haciendas.
Si en verdad existe un Dios, esperemos que vele por sus hijos y estas letras de alerta y denuncia, entre millones de las que ya existen, surtan efecto.
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Gracias por vuestra atención.
miércoles, 7 de abril de 2010
OPUS DEI, Traficantes de Almas. Capítulo IV

RECUERDOS DEL CAMINO
Autora: Carmen Charo Pérez de San Román
Numeraria del Opus Dei de 1972 a 1990
INTRODUCCIÓN
Me llamo Carmen Charo Pérez de San Román, fui numeraria desde agosto de 1972 hasta abril de 1990, en que escribí una agradecida y cariñosísima carta de dimisión, sometida a la presión y al engaño por la directora de la delegación de Valencia en ese momento.
Carmen Charo
Queridos todos:
Os hago llegar el testimonio de mi vida, desde mi infancia hasta mi salida de la obra. Lo escribo con total sinceridad. Pretendo contar los sucesos y mis vivencias tal y como los recuerdo. No pretendo ninguna revancha contra la obra, ni justificarme yo, es más, creo que yo no quedo, muchas veces, precisamente bien. Escribo para intentar entender, yo misma, qué pasó en mí para vivir tantos años aniquilándome como persona.
Escribo para unir mi testimonio al de tantos y demostrar que la obra no es una obra divina, sino una gran mentira que me ha hecho gran daño a mí como a tantos otros. Escribo para que mi experiencia pueda servir de ayuda a quienes están cerca del Opus Dei y dudan.
Me identifico con mi nombre y apellidos y doy también los nombres de los centros y ciudades por donde pasé ya que no tengo por qué ocultar nada. No tengo miedo, aunque sé que muchas personas han sufrido una persecución durísima.
Me gustaría, con este testimonio unirme a una de las Orejas, Agustina, que ha tenido que dar la cara por todos. Yo también quiero ponerme de pie y decir a todo el que quiera escuchar, que aquí estoy, viva y bien viva, felicísima de VIVIR y agradecida hasta el infinito de haberme marchado de ese Infierno, de ese lugar de aniquilación que, para mí, ha sido el OPUS DEI.
Sin semejante experiencia de muerte a todos los niveles, hoy me sería imposible disfrutar de la vida como lo hago, poder intuir la hondura de la vida humana, el valor de la persona, cualquier persona, comenzar a experimentar a Dios en todo mi ser.
Queda una tercera parte, la de mi renacimiento. Me está costando escribirla, ya que yo he ido saliendo adelante por la propia vida, de la mano de Dios, sin la ayuda de un análisis psicoterapéutico exhaustivo y profundo. Así que he decidido dejar esta parte para más adelante, cuando sea capaz de analizar de forma sintética cómo he sido capaz de renacer.
Sólo quiero decir que hoy me encuentro humanamente mejor que nunca, feliz de vivir cada día mi vida, de ser dueña de ella, consciente de cada decisión que tomo. Quedan también en mí muchas secuelas del daño sufrido en mi infancia y en los años en la obra. Quedan muchas cosas por recomponer en mi personalidad humana y en mi vida espiritual. Creo que necesito un tiempo para poder poner orden en mi cabeza y poder compartir con todos vosotros mi experiencia actual.
Me gustaría que os sintierais en la libertad de hacer los comentarios que os surjan y que me puedan ayudar.
¡Gracias por todo a todos los que cada día participáis en esta página compartiendo vuestra vida con todos! ¡Un fuerte abrazo para cada uno!
Carmen Charo
De su extensísima carta relatando su vida en el Opus Dei, hago un extracto y reproduzco unos cuantos párrafos.
La fidelidad iba precedida del testamento manuscrito, en el que se dejaba a disposición, no de la Obra, sino de una serie de personas o entidades, todos tus bienes. Te daban un modelo que se debía copiar sin ninguna equivocación, con letra meridianamente clara. Yo lo tuve que repetir como 6 ó 7 veces. Estaba ya aburrida. A pesar de eso, como nadie me explicó, (reconozco que yo tampoco lo pedí. Simplemente me fié) no me acuerdo de nada, ni de las personas a las que yo dejaba mis bienes, ni qué significaban muchas expresiones que para una persona de a pié no son habituales. Yo entonces tenía 24 años. Ni que decir tiene que no me quedé con ninguna copia del mismo. A mi salida de la Obra, lo pedí varias veces y ni siquiera me respondieron, simplemente no me lo dieron. Tuve que volver a un notario para hacer uno nuevo e invalidar el anterior.
Con mi maleta de cartón plastificado y liada con una cuerda, ya que se abría de puro mala que era, me pusieron en el tren y llegué a Valencia. Esas no eran, claro, las maletas que me había comprado mi madre. (Ese era uno de los misterios sin resolver del centro de estudios: todo el mundo llegaba con maletas nuevas y buenas, y se iba con auténticas reliquias.
Me dieron una buena habitación. Ninguna era dormitorio personal. La mía era salita de día y dormitorio de noche, así que no había forma de perderse. Todas estábamos igual. Cuando hubo un poco más de confianza pasé a dormir encima de una mesa del estudio, y compartía el estudio con otras dos más. Eso sí, cada una dormíamos en una mesa.
También había clases en lo que a tablas de dormir se refiere. Las tablas de aglomerado eran más llevaderas por ser más blandas. Aquella no, aquella era una madera buenísima, gordísima y dura como la piedra. Extendía la cama por la noche y la recogía por la mañana, guardándola en el armario de un trastero-cocina que había, donde también guardábamos los zapatos. La ropa la tenía en un armario del pasillo.
Mis padres fueron a visitarme en alguna ocasión y la situación era del todo extraña. Me encontraba en medio entre ellos y mis hermanas del centro y no me sentía parte de ninguno.
Me dolía que fueran como de visita a mi propia casa, que no pudieran ver mi habitación, que no pudiera invitarles a comer…Cuando se volvían yo me quedaba fatal, volviendo a sentir de una manera crudísima la soledad, la falta de verdadero calor humano.
Las muestras de cariño con ellos eran extrañas. No se les podía llamar por teléfono por aquello de la pobreza. Si estaba bien visto escribirles, pero la relación no era directa. Las cartas se leían previamente por la directora. Recuerdo que en centro de estudios me hicieron eliminar algo que les comentaba a mis padres en una carta.
No se podía tener detalles, en el sentido de regalarles nada. Lo que ellos te regalaban, no te lo volvían a ver porque había que dejarlo en la mesa de dirección.
Recuerdo que operaron a mi madre de un oído y no me dejaron ir, ni siquiera llamar por teléfono. Lo tuvieron que hacer ellos. Estas cosas duelen hasta el infinito. ¿Y, qué sentido se les da? Pues que una le ha entregado al Señor las 24 horas del día y no tiene tiempo. Todo el tiempo y todas las energías se deben de gastar en el encargo apostólico que a una le han encomendado.
Ellos siempre me llamaban el día de Nochebuena para felicitarme la Navidad. Un año, me mandaron por Navidad a hacer el curso anual a Ampuero, un pueblo cerca de Santander, bien cerca de casa de mis padres. No me permitieron ir a verlos, así que ese año, lo que sí me permitieron es que les llamara yo por teléfono, con el fin de que no se enteraran de que estaba tan cerca de casa.
Nunca podía hacer lo que me diera la gana, el día estaba completamente marcado. Tenía que dar cuenta de todos los minutos del día. No existía el cansancio. Había que aprovechar el tiempo y se trataba de estar en permanente actividad. Jamás me fui sola a dar una vuelta.
Me costaba la falta de libertad para tomar decisiones, todo había que consultarlo (gastos, empleo del tiempo, lecturas, estudios…) Pese a que todo, absolutamente todo se consultaba y cada semana se daba cuenta exhaustiva de la vida personal en todos los aspectos (pensamientos, deseos, tentaciones, acciones, omisiones…)
Tampoco recuerdo ningún reconocimiento médico serio en todos esos años. Íbamos a la consulta de un médico de la Obra, aunque sólo lo recuerdo entre los años 79 y 82, en que residí en la administración de Albalat. Creo que nunca me hicieron análisis clínicos…
Años más tarde, comencé a tener un dolor muy fuerte en la espalda, que me bajaba por toda la pierna. Me llevaron a un traumatólogo, no sé si de la Obra o no. Sólo recuerdo la cara de pasmo que se le quedó cuando al desnudarme vio las marcas que el cilicio me había dejado en las piernas. No comentó ni palabra. A la directora se le iban y se le venían los colores, y yo me quería morir, por la marca del cilicio y por el pudor absurdo e impropio de una mujer de 30 años, al verse en paños menores delante de un hombre.
El médico, sin mediar radiografías ni más historias, así, ¡a ojo!, me dijo que tenía una pierna más corta que otra y que me pusiera un alza en un zapato. Ahí quedó resuelto para ellas mi problema. Naturalmente le dolor no cesó, pero me aguanté. Cuando abandoné la Obra, resultó ser una hernia discal, que me tuvieron que operar el año 92.
El hecho de que todos en la Obra, fuéramos responsables de nuestro mantenimiento económico, es algo que he agradecido muchas veces, porque se aprende a ser responsable y a mi me produce gran satisfacción poder decir que no les debo nada. Mucha gente tiene la idea de que nos han pagado la carrera, como pasa en las congregaciones religiosas
Aunque no creo que se nos exigiera el mantenimiento personal a cada uno como algo que favoreciese nuestro crecimiento personal, sino por puro interés pesetero. Siempre he comprobado cómo en la obra el dinero importa mucho. Todo era pedir y pedir y nunca dar. Pedir a las supernumerarias, cooperadoras, las propias familias... y todo era poco.
En la obra ha habido muchísimos años en los que no se hacía contrato laboral ni se pagaba el seguro social a ninguna numeraria ni auxiliar que trabajaran en la administración. A las auxiliares, no sé si actualmente también, se les asegura como empleadas de hogar, trabajadoras de una unidad familiar, de forma que el seguro salga más barato, y no tengan derecho a paro.
Me salgo completamente de mi historia, pero sí quiero aprovechar para comentar, sobre este tema, el caso de una auxiliar que acudió a mí queriendo abandonar la obra y le sucedió lo siguiente: ella estaba contratada como empleada de hogar en un centro. Tuvieron que operarla, y, antes de la operación la despidieron de ese trabajo y le dieron de alta en el régimen general, con el fin de que mientras estuviera de baja pudieran cobrar por ella la baja. Hay que añadirle el agravante de que estando de baja, a los diez días de la operación, le obligaron a levantarse a las seis de la mañana, como a todas, para hacer todas las limpiezas, como si estuviera bien. Más adelante quisieron que fueran sus padres los que corrieran con los gastos de su rehabilitación.
En la Obra no se vive un cariño abierto y transparente. Siempre tiene que haber alguien haciendo de árbitro, quizá para controlar y estar al tanto de lo que pasa en cada casa. Eso hace que la convivencia sea retorcida y difícil.
El horario consistía en: levantarse, pasar a la limpieza de las zonas comunes de la residencia, oración, Santa Misa, desayuno, cambiarse a todo correr para pasar nuevamente a la limpieza del oratorio de la residencia o preparar los desayunos, seguir con la limpieza de habitaciones, a la vuelta, cada quien a su servicio (office, cocina, planchero,,,), o lectura espiritual, comer, de nuevo cada quien a su servicio, cambiarse para la tertulia, normas de piedad (oración, rosario, charla personal, confesión…), de nuevo al servicio de cada una, cena, turno de office o cocina, o servicio propio, tertulia, examen y a dormir (por suerte, ellas sí en colchón). Así se sucedían los días.
En septiembre de 1984, como he comentado anteriormente, viendo que parecía que había algo más que el cansancio inicial, me llevaron a Pamplona, a la consulta de psiquiatría de la Clínica Universitaria. Iban habitualmente algunas personas del centro. En la primera consulta hablé con el médico sobre lo que me pasaba y me hicieron un montón de tests. Me dijeron que tenía síntomas depresivos. Creo que hablaron a solas con la directora que me acompañó porque siempre tuve la sensación de que yo no tenía todos los datos de lo que me pasaba.
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A esa primera consulta fui nerviosísima, porque estaba segura de que me iban a decir que estaba loca de atar o me iban a descubrir algo grave. Me pusieron un tratamiento farmacológico a base de ansiolíticos, antidepresivos y somníferos. Volvía a la consulta periódicamente, cada tres meses más o menos.
Yo seguía yendo regularmente a Pamplona a la consulta con la psiquiatra. En Septiembre de 1988, Celia me acompañó a la consulta. Iba realmente saturada, no sé realmente por qué motivos concretos, pero tampoco estaba desquiciada y paranoica, como quisieron hacerme creer luego.
La experiencia de la clínica fue bonita y reconfortante. Estuve prácticamente dos meses. Fue como vivir en otro planeta en el que sus habitantes eran completamente atípicos. Había personas que vivían permanentemente fuera de la realidad, con alucinaciones, hablando con seres inexistentes, gente con estrés, como una maestra que llegó viendo niños debajo de su cama (aunque conservaba la capacidad de reírse de ello), gente en apariencia normal que pasaba, como yo y la mayoría, por momentos de depresión, varias chicas con anorexia nerviosa, varias numerarias en las mismas circunstancias que yo.
Nada puedo añadir a este testimonio narrado en primera persona. Sólo adjuntar dos vídeos con su propia voz e imagen. Aunque de sobra sé que siempre saldrá algún fanático patán jurando por “sanjosemari” que todo esto es un montaje para desprestigiar al Opus. De todas formas a mí me importan un carajo sus juramentos. Este post está abierto a sus contradicciones. Pero que me contradigan aportando pruebas. Como yo lo hago.
Es más. Por si mis pruebas no fueran suficientes, adjunto los links de acceso a miles de ellas. A ver si los fanáticos del Opus tienen narices a rebatirlas.
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http://httpwwwcommiblogblogspot.blogspot.com/ El blog de Mari Paz
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http://opuslibre.free.fr/v/ OpusLibre-Français
http://www.opusfrei.org/ OpusFrei-Deutsch
Testimonio de Carmen Charo. Vídeo nº 1
Testimonio de Carmen Charo. Vídeo nº 2
Gracias por vuestra atención.

