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domingo, 15 de abril de 2012

UN BOBÓN CON TRABUCO



El título de este post tiene dos errores de apreciación. El primero es que el soplapollas coronado que aparece en la foto es un bobo en grado superlativo, o sea que también pudiera llamársele bobalicón o en este caso Bobón, obviando la erre para hacer el apellido más afín con el soplapollas de marras. El segundo error es que el Bobón no porta un trabuco, sino más bien un Remington 40-30 sólo apto para traspasar la gruesa piel de un rinoceronte, o bien en este caso la de un pobre elefante que visto el tamaño de sus colmillos, todavía no había alcanzado el grado de adulto.

Sea como fuere, tras el elefanticidio, al Bobón de los cojones le tuvieron que evacuar a toda leche desde Botswana hacia la capital del Reino de todas las Españas. No se sabe si su fortuita caída ha sido debida a un traspiés, a que algún watusi le puso la zancadilla o bien a que el Bobón, debido a sus achaques menopáusicos se atascó en una descomunal boñiga de elefante.

Total, que además de los 30.000 euros del ala en concepto de matanza elefantina, más dietas VIP, jet privado, gasofa para el jet, dietas y salarios para la tripulación, etc, etc, la fiesta se ha saldado con un valor superior a los 100.000 euros de vellón. Y eso sin contar con los gastos de clínica (fijo que no los cubre la Seguridad Social) y la pasta gansa que cuestan los artilugios protésicos que se le han implantado al Bobón de los cojones, todo ello con el fin de que su regio esqueleto permanezca más o menos en posición vertical. O sea que desde ahora bien podría llamársele, Bobón Robocop I de España, Rex Invictus por la gracia de Dios.

Todavía está por ver si el pobre elefante había sido previamente drogado o adormecido con un dardo tranquilizante, o bien estaba borracho perdido como el pobre oso que hace unos años se cargó el Bobón en los Cárpatos. Y es que a los Bobones y demás reyes hispánicos siempre les ha ido la marcha de apiolar a la fauna autóctona desde la barrera y con trabuco. Prueba de ello es que en el coso taurino que se montaba en la Plaza Mayor de Madrid para solaz de la monarquía reinante, el zángano de Felipe IV practicaba el tiro al blanco teniendo como diana a toros bravos, ensogados por la cuerna, eso sí, a la barrera. Digo yo que sería para que el blanco no se moviera y su majestad no errara el tiro.

De todas formas el Bobón que me ocupa no se lleva muy bien con las armas de fuego, si tenemos en cuenta que en su juventud ya se cargó “accidentalmente” a su hermano de un disparo de revólver. Y es que, por lo visto, esto de jugar con fuego va en los genes y se trasmite de generación a generación. Véase si no el caso de su tierno nieto Froilán, hoy en día a pata coja a causa de un disparo en sus pinreles.

Ya me disculparéis el tono de coña marinera que va adjunta a estas letras pero lo prefiero así, ya que de escribir en serio tal cual merece la actuación de ese soplapollas coronado, a buen seguro que mi próximo cumpleaños lo celebraría entre rejas.