jueves, 4 de septiembre de 2014

LA INVASIÓN. Capítulo II


Cuando en 2011 me decidí a escribir LA INVASIÓN, según parece no andaba tan descaminado en mis predicciones, a pesar que en el capítulo anterior ya advertía que mi novela no pretende ser un relato profético. Sin embargo creo que me equivoqué en mi apreciación.
La invasión musulmana ya ha dado comienzo.
Y nosotros, los infieles, ya podemos ir liando los bártulos.
O inflarlos a hostias, que es otra opción.

Ved ESTE ENLACE  

Manda huevos con los putos soplapollas de la yihad, o como coño se llame el invento de esos descerebrados. A ver si ahora resulta que me he convertido en un nuevo Nostradamus, versión Blogger-Windows7. 

LA INVASIÓN 
CRÓNICA DE UN FUTURO INMEDIATO 
Capítulo II 

 Debo poner en orden mis ideas y organizar de igual modo las provisiones y el armamento. El tiempo se acaba, mi mundo se hunde, desaparece engullido por la propia incompetencia del ser humano, por la maldad que lleva consigo la guerra y también por el hambre. Los habitantes de la Tierra no hemos sabido regentar con dignidad lo que nos fue legado, y ahora los cuatro jinetes del Apocalipsis galopan desenfrenadamente a través de nuestro planeta sumido en la barbarie. 

 Vacío sobre el suelo del búnker el contenido de todas las cajas que pude requisar en lo que días antes fue un apacible y bello pueblo mediterráneo. Tuve que abrirme paso entre montones de cascotes, escombros y cadáveres hasta llegar al centro comercial de la población, hoy en día destruida y calcinada por un misil islámico. 

 Hago recuento de víveres, armas y municiones. Dispongo de lo suficiente para resistir largo tiempo sin necesidad de regresar al pueblo pisoteado por la guerra. Hurgando entre los diferentes artículos seleccionados en mi requisa, mis manos tropiezan con un teléfono móvil. Asqueado, lo arrojo por el acantilado. Para nada me sirve ya. Los satélites de comunicaciones han dejado de ser operativos. 

 Bien es cierto que los seres humanos jamás nos comunicamos entre nosotros mismos. De nada nos sirvió poseer una sofisticada red de comunicaciones. No supimos acertar con la clave de acceso a la comunión colectiva de la Conciencia Universal. La Humanidad en bloque se parapetó tras sus propios errores, negándose a regenerar su proceso evolutivo. 

 Mis ojos recorren la línea del horizonte, intentando descubrir algún resto del último combate naval que se ha librado en estas aguas, pero nada rompe la superficie del mar. No existe el menor indicio de la atrocidad provocada por el hombre en ese mismo escenario, hace escasamente dos días. El Mediterráneo asistió como testigo de cargo, mudo e impotente, al mayor enfrentamiento naval de la Historia. 

 La Armada de la Unión Europea luchó hasta la extenuación contra las Fuerzas Aéreo-Navales del Frente Islámico Internacional, pero tras cinco horas de combate sucumbió ante el potencial ofensivo, técnico y humano de las fuerzas de ocupación. Mientras tanto, la Armada de los E.E.U.U. permaneció guarecida en sus aguas territoriales en estado de máxima alerta, y la Royal Navy se apostó en el Canal con el fin de frenar un más que posible desembarco de tropas islamistas en territorio inglés. 
 Pero ninguna de las dos Armadas acudió a prestar ayuda en el Mediterráneo.  

 La Armada de la Unión Europea para su defensa en el Mediterráneo sólo contó con escasas unidades navales francesas, italianas y españolas. La descoordinación de sus respectivos mandos operativos con bases en Tolón, La Spezia y Cartagena, fue crucial a la vez que caótica puesto que las Fuerzas Aéreo-Navales del Frente Islámico Internacional utilizaron un novísimo emisor de radiofrecuencia que inutilizó por completo los sistemas electrónicos de defensa y ataque de la Armada Europea. 

 De la hecatombe naval tan sólo se salvó la Deutsche Marine de la República Federal de Alemania. Los científicos de la flota submarina alemana con bases en Rostock, y Kiel en el mar Báltico, y Bremerhaven y Wilhelmshaven en el Mar del Norte, desarrollaron in extremis un inhibidor de radiofrecuencia naval, que a pesar de no ser operativo para los buques que navegaban en superficie, sí lo era con los submarinos que patrullaban sumergidos en aguas próximas a las bases navales de Rostock, Kiel y Bremerhaven. 

 En el año 2013, la Deutsche Marine tan sólo contaba con cuatro unidades U-Boote de la clase 212 (212A): U31, U32, U33, U34, submarinos convencionales no nucleares propulsados por motores Diesel de quinta generación, reforzados con un sistema adicional de propulsión independiente de aire (AIP), que utilizaba una membrana de intercambio de protones en células de combustible alimentadas por hidrógeno. 

 Sin embargo anteriormente, concretamente el 3 de Junio de 2012, el semanario alemán “Der Spiegel” denunció y con pruebas irrefutables que el Gobierno, en aquellos años presidido por Ángela Merkel había fabricado en los astilleros de Kiel tres unidades de submarinos de la clase Dolphin, una versión muy modificada del U-Boot 209 armados con cabezas nucleares. Estas unidades fueron entregadas al Gobierno de Israel dotando de esta forma a la Armada israelí de capacidad atómica. 

 El 7 de Mayo de 2020, coincidiendo curiosamente dicha fecha con el 75 Aniversario del fin del III Reich, la derrota de Alemania y el fin de la II Guerra Mundial, la República Federal de Alemania se retiró de la Unión Europea. La locomotora económica que había impulsado el desarrollo europeo, frenó en seco su trayectoria. Desde aquel mismo instante Alemania se rearmó y blindó sus fronteras. 

 Hoy en día el continente europeo a excepción de Alemania, se encuentra a merced de las hordas invasoras del Frente Islámico de Liberación, mientras su Ejército del Sur con bases en Marruecos, Argelia, Túnez y Trípoli, más las tropas formadas por el Ejército de Oriente, avanzan inexorablemente desde los confines de Arabia y Asia Central arrollándolo todo a su paso. 

 En Oriente Próximo el Estado de Israel todavía permanece agazapado en Jerusalén, Tel Aviv y Haifa, a pesar que dicho puerto fue destruido en su totalidad por misiles del Frente Islámico Internacional. Como único baluarte de defensa y ataque israelí, sólo queda la mítica e histórica fortaleza de Masada, a orillas del Mar Muerto, lugar en el cual se encuentran situadas y activadas doscientas cabezas nucleares, preparadas para ser lanzadas al unísono rumbo a los cuatro puntos cardinales. 

 El Frente Islámico Internacional era sabedor del peligro que se cernía sobre la meseta de Masada y permaneció a la expectativa sin atacar objetivos israelíes. Cuando el puerto de Haifa fue destruido, el Estado de Israel advirtió que el lanzamiento de un nuevo misil islamista sobre territorio israelí bastaría para desencadenar un lanzamiento masivo de misiles nucleares. De pulsarse el botón de lanzamiento, todas las poblaciones y territorios situados en un círculo de 1.500 kilómetros, quedarían totalmente irradiados. Sería el fin para el Frente Islámico y un nuevo y definitivo Holocausto para el pueblo judío. 

 La fortaleza de Masada fue y continúa siendo el lugar del primer holocausto judío habido en el año 73 de nuestra Era, cuando Eleazar ben Yairun, un rebelde zelote, reunió a sus huestes y les propuso suicidarse para evitar ser hechos prisioneros de Roma. Debido a tal circunstancia histórica, Masada ha sido el lugar de juramento de lealtad para las tropas del ejército israelí, donde sus efectivos militares proclaman a voz en grito: ¡Masada no volverá a caer! 

 Pero casi toda Europa sí que ha caído. Millones de bocas famélicas se han unido, formando el mayor contingente armado que ha existido a través de los siglos. El jinete apocalíptico de La Guerra, galopa frenéticamente huyendo del hambre y de la miseria, en pos de los derechos humanos y del pan y la sal que la sociedad occidental les negó en su día. Para ellos ha llegado la hora de la venganza. 

 En el nombre de Alá, cientos de miles de yihadistas bajo el lema de Guerra Santa, y otros tantos millones de seres humanos movidos simplemente por fanatismo religioso y el hambre que corroía sus entrañas, han invadido la vieja Europa. 

 Millones de parias abandonaron estériles campos y se lanzaron a la conquista de su libertad. La masa de corderos sojuzgados se convirtió en una temible manada de lobos sedientos de sangre, pero en su agrupación y posterior organización no figuró un líder que pudiera ser definido como tal, a pesar que a comienzos del Tercer Milenio Ussama Bin Laden fue el principal catalizador de la guerra, y su captura y ejecución por efectivos norteamericanos, el germen que años después hizo explotar La Gran Hecatombe. 

 La precisa sincronización y efectividad de sus posteriores ataques a la sociedad occidental, ya no precisó de líderes políticos o religiosos. El peligro hace que se agrupe la manada. Los lobos atacan. 
Su líder es Alá y el Hambre. 

 La invasión de Occidente fue un proceso de evolución lento y larvado.  
El caldo de cultivo fraguado durante decenios en el laboratorio democrático del llamado mundo libre, alcanzó al fin su punto máximo de ebullición cuando el bien nutrido hombre occidental forzó la máquina, obligando a los parias de la Tierra a apretarse el cinturón un punto más allá del límite aconsejable. 

 El poder económico de la Unión Europea, conjuntamente con la tradicional soberbia imperialista de los Estados Unidos de América, aplastaron sin piedad a un Tercer Mundo que hacía siglos se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Fue entonces cuando millones de seres humanos se alzaron desde el fondo de sus pozos de hambre y miseria, negándose a continuar viviendo bajo encubiertos estados de esclavitud democrática. 
 La democracia no otorga gratuitamente el pan. 

 Sin embargo el Frente Islámico Internacional supo fundir la miseria y el hambre, paliándolas mediante la Guerra Santa. Les ofreció pan, armas y el premio del Paraíso si morían en combate luchando contra los infieles de Occidente. Idéntica versión de Las Cruzadas promovida siglos atrás por el Vaticano, con la diferencia que actualmente las tropas islámicas no hacen prisioneros. Los degüellan.

Años más tarde las larvas eclosionaron, dejando volar en libertad a las crisálidas de la muerte. Nacía el conflicto Oriente-Occidente. 
…………………  

 El viento de Tramontana ruge barriendo la costa oriental española. Su rugido es como un gran lamento que se amplifica por el espacio y sobre las olas de lo que un día, dicen, fue la cuna de la Civilización. Una civilización que jamás hizo honor a su nombre. Siempre nos estuvimos matando como perros hambrientos en pos de un trozo de pan o en el nombre de nuestros dioses. Jamás fuimos civilizados. 

 La quijada de asno que se alzó hermano contra hermano en los primeros compases de la narración bíblica, todavía permanece suspendida en el aire. Llevamos el mal impreso en nuestros genes desde el principio de los tiempos y morimos aferrados al mismo mal cuando nos llega la hora de partir hacia la muerte, rumbo a lo desconocido. 

 Nuestro mundo siempre ha sido un semillero de violencia. Perdido en el extrarradio de la galaxia, el planeta Tierra se ha caracterizado desde sus orígenes por albergar una raza de seres cuyo único objetivo ha sido la supervivencia física, aun a costa de la destrucción de su hábitat y de su propia especie. 

 La madre Tierra nos avisó con tiempo. Al principio del Tercer Milenio sus entrañas se abrieron provocando seísmos de gran magnitud, erupciones volcánicas, maremotos, inundaciones y terribles sequías. Los efectos conjuntos de sus avisos causaron millones de muertos, mas a pesar de ello los seres humanos proseguimos con nuestra labor destructiva. 

 Machacábamos el suelo que nos albergaba y continuábamos sangrando a nuestra propia especie, devorándonos los unos a los otros en cientos de guerras fratricidas, convirtiendo nuestra existencia en un acto de canibalismo cósmico. Fue el principio del fin. La llegada del Tercer Milenio tan sólo significó un cambio cronológico según las pautas marcadas por el calendario cristiano, pero estuvo muy lejos de significar un cambio en las estructuras mentales de la humanidad que disfrutaba del poder económico. 

 Una humanidad marcada a fuego por las profundas desigualdades sociales entre los pueblos. La dualidad entre países ricos y pobres acrecentó el odio y fomentó la guerra. Tres cuartas partes de seres humanos vivían en naciones azotadas por el hambre y la miseria, obligando a sus habitantes a subsistir con rentas ínfimas. Dentro de esas mismas naciones, las enfermedades endémicas causaban estragos entre poblaciones que no sabían cómo despojarse del fantasma de la pobreza congénita.  

 Más de novecientos millones de personas pasaban hambre y quinientos millones se alimentaban bajo mínimos. La bandera del hambre se alzó sobre los pueblos del Tercer Mundo y el estandarte de la guerra fue enarbolado por millones de hombres hambrientos de pan y sedientos de justicia. Alentados por el Islam, más de mil millones de seres humanos se pusieron en pie de guerra. 

 Esos millones de parias y fanáticos religiosos ya están aquí. Han desembarcado en las costas mediterráneas y sus divisiones acorazadas ruedan frenéticamente hacia el corazón de Europa destruyendo a su paso todo signo de vida. 
La barbarie está servida. 
El viejo continente sucumbe. 

 Por donde pisan las orugas de sus carros de combate, jamás volverá a crecer la hierba. 

(Continuará) 
LA INVASIÓN 
Copyright © 2014 José Luís de Valero. 
Todos los derechos reservados.

lunes, 1 de septiembre de 2014

LA INVASIÓN. Capítulo I


Hace unas semanas me despedí de vosotros anunciando que a mi regreso, posiblemente lo haría con una serie de vídeos de creación propia titulados EMITIENDO EN LOS ULTIMOS DÍAS, basados en una crónica hipotética y demencial. 

Pero lo cierto es que no he grabado dicha serie. Simplemente me he permitido grabar un breve vídeo de presentación, puesto que el guión original pertenece a una novela de creación propia que inicié en 2011 y que acabo de concluir y registrar en el presente año. Como adelanto os ofrezco el inicio y un fragmento de texto correspondiente al Capítulo III. 

 “En aquellos años, el territorio español aglutinaba un treinta por ciento de población extranjera. Para los refugiados sudamericanos la única vía de escape a Europa era solicitar asilo en la Madre Patria, pero ni España ni los españoles estaban en aquellos tiempos para excesivas fiestas de acogida. 

Ya en la década de los noventa y hasta 2016, la avalancha humana de inmigrantes procedentes tanto de Marruecos como del resto de países africanos y sudamericanos había sido aplastante, y a la larga sus consecuencias fueron desastrosas para el resto de los españoles autóctonos que veían como su país se había convertido en una gigantesca Torre de Babel, incapaz de subsistir económicamente debido al incesante flujo de inmigrantes indocumentados que desembarcaban constantemente en la costa española. 

A lo largo de los años, la llegada de millones de personas en busca de pan y trabajo hizo que se colapsaran los principales núcleos de población urbana e industrial. Las calles de las ciudades españolas comenzaron a poblarse de seres de todas las razas y credos que a su vez, se unieron formando comunidades cerradas en las cuales era casi imposible que las policías locales pudieran intervenir para frenar los desmanes que se cometían a plena luz del día. Las ciudades dejaron de ser seguras para convertirse en campos de batalla donde imperaba la ley del más fuerte. 

Los ciudadanos españoles pasaron de la noche a la mañana de proclamarse antirracistas, a defender su vida y sus bienes por encima de cualquier sentimentalismo humano. La xenofobia se impuso en una sociedad que no estaba dispuesta a consentir más robos, asesinatos y violaciones por parte de cientos de miles de refugiados que habían tomado a España por un vertedero de inmundicia y a los españoles por individuos permisivos que les recibían con los brazos abiertos, consintiendo todas sus tropelías.” 

Si visualizáis el vídeo, podréis comprobar que es el arranque de una crónica narrada en primera persona, y a pesar que yo soy un mal actor, quizá intuyáis el desarrollo y desenlace de los acontecimientos.

   

LA INVASIÓN 
CRÓNICA DE UN FUTURO INMEDIATO 

NOTA DEL AUTOR 

Mi intención al escribir LA INVASIÓN, no fue precisamente la de unirme a la masa de escritores que redactan sus textos bajo patrones político-ético-literarios perfectamente establecidos, dentro y para la sociedad en la que vivimos. El contenido de este libro – salvo datos históricos y puntuales recogidos a última hora – es pura ficción literaria, pero los actos que en él acontecen son situaciones que más mal que bien podrían desarrollarse en un futuro inmediato. Y espero equivocarme. 

Posiblemente también, en mi navegar literario me salga de los márgenes establecidos por los editores que a la postre, son los que tienen la sartén por el mango y los únicos responsables junto con el autor, de la publicación y el contenido ético de una obra cuya difusión pueda suscitar polémicas o soliviantar a un sector mayoritario de lectores. 

Si esto ocurre, editor y autor pueden darse por muertos – comercialmente hablando – o bien con su temeraria acción de exponer a la luz un texto tabú, se encontrarán inmersos en juicios de valor, suscitando con ello controversias de la más variada índole. Me consta que mis detractores formarán legión, pero yo no he escrito este libro para congraciarme y bailarle el agua a una mayoría de lectores, y sí para profundizar sobre un tema espinoso como lo es la inmigración y la saturación y ocupación indiscriminada en España y en el resto de Europa de elementos foráneos, y las posibles consecuencias que puedan acarrear tales actos dentro de unos años. 

Por supuesto, LA INVASIÓN no pretende ser un libro profético. Más bien es una hipotética conjetura que he formado a tenor de los acontecimientos que se han producido y siguen produciéndose a lo largo y ancho del continente europeo. El argumento de este libro es mera hipótesis especulativa, aunque no exento de cierta amenaza latente. 

José Luis de Valero. 

LA INVASIÓN 
CRÓNICA DE UN FUTURO INMEDIATO 
Copyright © 2014 José Luís de Valero. 
Todos los derechos reservados. 

Capítulo I 

Base Naval en el Mediterráneo, CARTAGO UNO. 
Enero de 2025. 

Soy corresponsal de guerra y escribo mi última crónica sabiendo que nadie leerá estas páginas. Ningún ser humano se acercará mañana al puesto de periódicos más cercano, ni conectará su ordenador portátil para informarse de las últimas noticias acerca de los terribles acontecimientos mundiales que están desarrollándose sobre la faz de la tierra. 

Las viejas rotativas hace años que dejaron de girar sobre sus ejes y los satélites de comunicaciones han dejado de ser operativos. Creo que hasta nuestro propio planeta se ha detenido en el espacio, expectante, intuyendo que de una vez por todas se verá libre de la presencia del ser humano sobre su castigada corteza terrestre. 

Las últimas páginas de mi diario están en blanco, al igual que mi mente que lucha desesperadamente para procesar todo lo acontecido. Para acabar de rellenarlo deberé continuar recordando fechas, datos, lugares y personas. Toda una vida de lucha y fracaso; una guerra abierta y frontal contra mi destino en busca de lo ignorado, de lo imposible. A solas con mi cerebro, dañado ya de tanto recuerdo inútil. Esfuerzos baldíos, chatarra cósmica que se reciclará cuando todo acabe con el gran estallido de la muerte física. 

Necesito descansar definitivamente. Estoy llegando al límite de mi organismo biológico y si por mí fuera, habría acabado voluntariamente con mi tránsito por este planeta maldito. Pero no quiero desertar. Sería como reconocer mi derrota ante las circunstancias adversas que se me han impuesto desde la misma fecha de mi nacimiento. Una y mil veces me he lanzado a tumba abierta buscando el ansiado fin, inconscientemente, como alocado, pero en el último momento siempre hubo algo que tiró de mí haciéndome volver a mis cabales. 

El eterno combate hombre-destino, que nos marca a fuego durante el ciclo vital de nuestra existencia en la Tierra. El porqué y para qué de la Vida. Preguntas sin respuestas que se suceden inexorablemente con machacona insistencia y a las que nadie que yo sepa, ha podido dar una respuesta aceptable si exceptuamos a los sacerdotes de cualquier religión, que ellos sí tienen respuestas para todo lo divino y humano. Son los grandes gurús del pensamiento, la voz de los dioses, los infalibles, los pastores que cuidan el rebaño humano. 

Yo estuve a punto de ser uno de ellos pero me desprendí del cayado y desenterré el hacha de guerra. De todas formas y por mi carácter, no hubiese sido un cura respetuoso y sumiso con los preceptos emanados desde el Vaticano y a buen seguro, la excomunión hubiera marcado mi fin como clérigo. 

“En el nombre de Dios”. Así comienzan los ritos en casi todas las confesiones religiosas, pero... ¿Quién es Dios?... ¿Dónde está Dios?... ¿Este planeta le pertenece?... ¿Somos nosotros, míseros humanos, el fruto de su Creación Cósmica?. Cientos de preguntas. Respuestas convincentes, cero. 

Sólo sé que el Séptimo Sello ha sido abierto. Los Ángeles del Apocalipsis ya están aquí, y en el nombre de Alá sus divisiones acorazadas se han hecho con el control de Oriente y de la vieja Europa. 

Por lo tanto nuestro presente como criaturas cósmicas se me antoja ciertamente nefasto y lo que pueda ocurrir después de la muerte, es todavía si cabe más ignoto. No hay respuestas desde el Más Allá. 
Elevamos nuestra mirada al cielo en busca de ayuda, pero no existen comunicaciones verbales con el Creador Universal. 

Dios no habla. El hombre está solo, perdido en el espacio infinito.

 ……………………… 

Base Naval en el Mediterráneo, CARTAGO UNO. 
Febrero de 2025. 

Las notas musicales de J. S. Bach - "Jesus bleibet meine Freude" BWV 147 se expanden en el interior de mi habitáculo. Bach es supremo, milagroso para mi espíritu. Me siento atrapado por esa música que parece surgir de los abismos siderales, aplacando los sentidos y dando sosiego a mi alma. Mi cuerpo se relaja y mi ego interno me lo agradece. 

Me elevo, floto en el espacio, me convierto en aire, en bruma, en bosque, en mar y por un momento creo que estoy fundido con la Creación. Mero sueño, momento efímero que sin embargo paladeo con delectación como si fuera la última vez que pudiera saborearlo. Mis ojos se humedecen. Siento el fluir de mis lágrimas bajando lenta, muy lentamente, hasta que se remansan en mi rostro. Música de las Estrellas, del Universo, para un pobre diablo que como yo, está atrapado en tres malditas dimensiones y quiere escapar de ellas. 

Me llaman..., mi Patria lejana me llama. Sus sonidos tan lejanos, debilitados no tanto por su lejanía sino por el desconocimiento de la Verdad Absoluta, me protegen, me arropan dándome a entender que no estoy solo en el infernal caos de la primitiva existencia que me está envolviendo como un sudario. Deseo ser libre de mente y de espíritu. No acepto más ligaduras. Me rebelo contra mi destino en la Tierra. 

Estoy sediento de un Amor que no se otorga en este planeta. Añoro a mi gente ausente, que no muerta. Ellos llegaron ya a mejor lugar, más allá de las estrellas, reintegrados al combate, a la lucha, construyendo nuevos mundos para que nuestra Esencia no perezca. 

Me ha tocado la peor parte; cubrir la retirada, narrar los acontecimientos, vigilar los flancos, ser testigo del holocausto final. Como le sucedió a mi abuelo allá por el año 1939 en la frontera franco española. Pero yo tendré mejor suerte. No caeré prisionero del vencedor porque aquí dentro de poco nadie podrá enarbolar el estandarte de la victoria. 

Si alguno de nosotros queda vivo, su botín será un mundo en llamas, calcinado, yermo. Nos lo hemos ganado a pulso. No se efectuarán desfiles victoriosos al paso alegre de la paz, ni los políticos homicidas arengarán a los ejércitos en pos de nuevas batallas y botines de guerra. Todo acabará pronto...... Espero que muy pronto. 

A través de mi casamata atisbo el azulado horizonte todavía limpio, nítido y refulgente. Mi mar..... mi amado Mediterráneo bonancible a veces, tempestuoso otras, ruge ahora como un león herido de muerte. Ambos tenemos las horas contadas. Pereceremos juntos, fundidos en fraternal abrazo, envueltos entre toneladas de blanca espuma..... 

Bach se aleja, huye del caos. No desea presenciar el holocausto final. 
El sonido de su música se extingue en el amanecer. 

Copyright © 2014 José Luís de Valero. 
Todos los derechos reservados. 

(Continuará)

martes, 15 de julio de 2014

HASTA LUEGO, COLEGAS


Me largo. 
Regresaré, (si me dejan) dentro de unas semanas. 
Posiblemente lo haga con una nueva serie de vídeos de creación propia, basados en una crónica hipotética y demencial, a pesar que en un futuro próximo pueda ser realmente cierta. 

Título de la serie: EMITIENDO EN LOS ÚLTIMOS DÍAS. 
Corto y Cierro. 

José Luis de Valero.