
Estimados feligreses que visitáis este Infierno:
La publicación de este post-encíclica débese a que hace unas horas, NOS visitamos la bitácora de mi bien amado MAMUMA EL ESQUELETO MOTERO http://pensamientosdeunespanoldeapie.blogspot.com/, lugar donde dicho feligrés expone a la luz pública y con cifras económicas, los desmanes financieros cometidos por los directivos de los Bancos y Cajas de Ahorro a los que el sufrido pueblo español ha tenido que soltar doblones-oro por un tubo con el fin de evitar la bancarrota y cierre de la Banca.
En su detalladísimo post ¿_QUÉ ELEGIRÍA YO ? , refiriéndose a dicho tema y centrándose en la clase de matarile que podría aplicársele a los infractores, se preguntaba y a la vez preguntaba a sus lectores, por el método más efectivo para segar de cuajo la existencia de los mencionados parásitos.
Hete aquí que NOS, deseando ayudar en lo posible para solventar sus cuitas, apunté en sus comentarios un breve esbozo de los métodos a seguir, basándome en datos históricos que se desarrollaron antiguamente en nuestro pasado, cuando el Santo Oficio y la Corona eran dueños y señores de vidas y haciendas. Tras el citado esbozo y puestos a cumplir con mis deberes pastorales, prometíle al esquelético motero ampliar mi diserto en éste mi nuevo post-encíclica. Arrodillaos, postraos de hinojos, que ahí va pues, mi memorándum:
Ya en 1252, el papa Inocencio IV (que de inocente este fulano, ná de ná), autorizó en la bula Ad Extirpanda (que vendrá de la palabra extirpar, digo yo) el uso de la tortura para obtener la confesión de los reos. Las penas eran variables y sofisticadas. Los que se negaban a abjurar, "herejes relapsos", eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte.
Para aplicar las penas de tortura y muerte, existían infinidad de instrumentos que tenían como objetivo final la ejecución del condenado. No me voy a recrear citándolos uno a uno puesto que el instrumental de tortura y muerte era ciertamente exhaustivo. Centrémonos pues en dos de ellos que podrían servir para pasaportar hacia los infiernos a todos los crápulas, ladrones legalizados, y asesinos políticos que como tales, han sentado y sientan cátedra en España.
Vamos a ver, elijamos con acierto o esos hideputas pueden escaparse en el último momento....Veamos....La guillotina mancha un huevo, pringa el estrado y salpica. Además es demasiado rápida. El fulano no se entera.
Con la horca puede producirse un fallo técnico. O no se abre la trampilla, o el cáñamo puede estar podrido y romperse la soga por el peso de esa clase de reos, que acostumbran a estar gordos y bien cebados. O sea, desechada la horca.
Sin embargo existen dos métodos infalibles heredados de la Inquisición y aplicados por nuestros antepasados, a saber:
Supuesto A/ GARROTE VIL Supuesto B/ PROCESO INQUISITORIAL.
A/ GARROTE VIL:
En el supuesto A/: ,Tómese al reo por el pescuezo,átesele y siéntesele en una silla con la espalda pegada a un poste en el cual está aplicada y lista para su uso, una máquina estruja-pescuezos llamada Garrote. Ciérrese la argolla aprisionando el gaznate del crápula y comiéncese a dar vueltas de tuerca hasta que al mangante de turno se le salgan los ojos de las órbitas......Este sistema tiene la ventaja del apriete-afloje, con lo que el condenado, a voluntad del verdugo, puede saborear muchas veces lo que es la muerte.
En 1832, en España se suprimió la horca y fue sustituida por el garrote vil, estando vigente dicha pena de muerte hasta el 2 de Marzo de 1974, fecha de la última ejecución por agarrotamiento, que ejecutose en la Prisión Provincial de Tarragona, teniendo como reo al súbdito polaco Heinz Chez y como maestro de ceremonias al verdugo de Sevilla.
Mención aparte, según cuentan las crónicas carcelarias, merece la última actuación de un verdugo en España, puesto que en su último servicio, el sevillano la cagó pasándose tres pueblos al realizar su cometido. En primer lugar no engrasó convenientemente el eje del mortal artilugio, que dicho sea de paso era un vetusto modelo del siglo XIX, y después porque el menda era autodidacta, o sea que había aprendido el oficio por su cuenta, por lo que no haciéndose con los mandos del Garrote, la agonía del condenado sobrepasó los quince minutos.
Supuesto B/ PROCESO INQUISITORIAL.
En el supuesto B/ es preciso una puesta en escena más sofisticada, o sea que el verdugo ha de ir vestido de fraile inquisitorial, de los dominicos a ser posible, que la vestimenta ya acojona de por sí, y el juicio o proceso, condena y ejecución ha de realizarse en un calabozo muy húmedo y lleno de ratas hambrientas grandes como conejos, que estarán cautivas en una jaula de fondo enrejado con una sola puerta de salida adosada en el lateral de la jaula.
Para su ejecución tómese al reo y tras recitar y cantar en gregoriano unas cuantas salmodias fúnebres (tales cánticos le preparan a uno a bien morir), inflésele a hostias para reanimarlo, túmbesele, átesele y ábrasele de piernas en una mesa. Bájesele los calzones quedando pues con el culo al aire y en pompa. A continuación sitúese la salida de la jaula pegada al culo del reo. Préndase una antorcha y aplíquese el fuego bajo la jaula enrejada. Cuando debido al fuego las ratas estén lo suficientemente cabreadas e inicien el baile, ábrase la trampilla de escape ratonil. Las ratas serán las ejecutoras puesto que entrarán a escape por el ojete del condenado, seguirán ruta por el intestino grueso y tras comer por el camino saldrán por la boca del reo tan contentas.
En la Edad Media el tormento de las ratas sobresalía por su refinamiento. También fue utilizado por la Inquisición, pero su existencia se conoce desde los tiempos de la antigua China. Consistía en colocar unas cuantas ratas encerradas en una jaula sobre el abdomen u orificio fecal del torturado. Mientras, los verdugos las hacían rabiar con palos ardiendo de forma que los animales tenían que buscar una salida y entrando en fuga por el culo del condenado, a mordiscos abrían un túnel en las tripas del reo, llegando, a veces, a salir por la boca o por otro lado del cuerpo.
Doy fe que tal suplicio fue utilizado por el Santo Oficio. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amén.
NOS, Cardinale di Valero.