Esta entrada no es un post. Es más bien un relato que le debo a un viejo amigo, marino y compañero de armas que ha fallecido. Hace más de un mes le visité por última vez en una residencia para ancianos cerca de Aranjuez. Al despedirme le prometí que escribiría un post relatando sus singladuras en la mar a bordo del Marsopa S-63 y en el Narval S-64, ambos pertenecientes al Arma Submarina de la Armada.
Ahora este gran amigo y compañero de armas, ya no podrá leer mi post.
Ha fallecido de un cáncer terminal. Me lo comunicaron por teléfono desde la residencia en la cual se hallaba alojado, cerca de Aranjuez. Hace dos días que acabo de regresar a Madrid con sus cenizas. Su único hijo ni siquiera estuvo en el velatorio y me notificó por teléfono que no quería hacerse cargo de ellas. Murió solo, tal y como predijo en mi última visita:
“Sé que moriré solo,…como un viejo navío varado tierra adentro”.
Yo tuve que elegir su última nave para su postrer viaje. Una urna funeraria completamente redonda fabricada en Alcoy hecha con arena y sal marina, que se degradará al contacto con el agua de la mar.
Cuando uno se encuentra en un velatorio, y más cuando uno está solo frente al cadáver de un ser querido o un viejo amigo, tiende a recordar no sólo la vida del que ya no está entre los vivos, sino también la última vez que tuvo la oportunidad de hablar con él.
De eso trata este relato.
Aranjuez, Diciembre de 2013.
En la recepción de aquella residencia para ancianos y antes de acceder a su habitación, quise informarme sobre el estado de salud de Manu pues ya sabía que su estado no era precisamente satisfactorio. Me atendió el médico y no se fue por las ramas.
-Veremos si Manuel llega a Semana Santa del año próximo.
-¿Tan grave está?
-Tiene sesión de quimio dos veces a la semana en el Oncológico del Marañón, pero está fuerte de ánimo. Es un luchador nato.
A mí me lo iba a decir. Nos conocimos en la Naval de Marín casi recién salidos del huevo. Él del seno de una familia con posibles pero totalmente desestructurada, y yo de la Pontificia. Ambos teníamos la misma edad, veintidós años. Y seguimos siendo camaradas tanto de armas como posteriormente lo fuimos de curro. Hasta el final.
Hasta hoy, que el muy perro se ha largado de permiso eterno para navegar junto al Gran Almirante Celestial.
-¡Cagon la leche, Pepelu! Ya era hora de volverte a ver, cabronazo.
-¡Hostia Manu, estás hecho un brazo de mar, carajo!
Estaba frente a Manu, alias “el máquina”, un ex Teniente de Navío que formó parte de las tripulaciones en el Marsopa S-63 y en el Narval S-64, ambas unidades pertenecientes al Arma Submarina de la Armada.
La última vez que buceamos juntos se remonta al desastre del Prestige en Noviembre de 2002. Un grupo de viejos gilipollas, ex buceadores de profesión, nos reunimos en las Islas Atlánticas, concretamente en las Islas Cíes con el ánimo de limpiar el fondo marino de cuanto chapapote se pudiera baldear hacia la superficie.
Todos los gastos de viaje corrieron de nuestra cuenta. Hasta el combustible de nuestra motora tuvimos que abonar con nuestro ya escaso presupuesto, y menos mal que una de las patrulleras de la Guardia Civil nos repostó gratuitamente en un par de ocasiones. Mientras los gerifaltes gallegos y miembros del Gobierno especulaban inútilmente cómo solventar la papeleta que se les venía encima y se ponían de marisco hasta el culo en el Parador Nacional, nosotros tuvimos que mantenernos a base de sopa caliente y bocatas pagados religiosamente.
-No me arrepiento en absoluto de haber colaborado en aquel pifostio.
-Yo tampoco, Manu, pero no me negarás que aquello fue una vergüenza,.
-Desde luego. Tuvimos que pagar hasta la carga de las botellas de aire comprimido.
Observé que las cuatro paredes que componían el habitáculo de Manu, estaban cubiertas de viejas fotografías en blanco y negro clavadas con chinchetas. Otras eran más modernas, en color. Él se percató de mi observación.
-Me tendrás que dejar alguna de estas viejas fotos, Manu.
-Son parte de mi pasado,… bueno, y también del tuyo. Llévate las que quieras, pero me las devuelves en tu próxima visita.
-Descuida, que sólo quiero reproducirlas. En aquellos tiempos las fotos en color casi ni existían y además las copias eran muy caras.
Ambos retrocedimos en el tiempo. Cincuenta años atrás. Casi ná…
Allá estábamos, hechos unos pipiolos, jurando bandera, tras la entrega de Despachos, y en Cádiz accediendo a la pasarela del Juan Sebastián de Elcano.
También vi una fotografía en color de un anciano rodeado de toda su familia, y junto a ella una esquela mortuoria….
-¿A que no lo reconoces?
-Pues no, Manu. Ni puta idea.
-¡Es el Viejo, joder!....nuestro comandante… el Capitán de Fragata Don Francisco Gil De Sola Caballero, comandante del Juan Sebastián de Elcano. Llegó a Vicealmirante y fue Comandante General de la Zona Marítima de Canarias. La palmó con 91 tacos en Murcia en el 2009….y a mí me jodió las Navidades, porque estuve en su funeral…..Un tío con un par de huevos, si señor…
No pude por menos de evitar un estremecimiento al recordarle. Además como también fue el director de la Escuela Naval Militar, se sabía de memoria toda nuestra vida pasada y presente, y cuando te cogía por banda en su camarote te hablaba igual que un padre. Y él sabía de mi pasada existencia. Me trato con amor y cariño cuando más lo necesitaba, como si fuera su propio hijo. Encontré en él algo especial porque era un hombre que cuando te miraba a los ojos, penetraba en tu alma. Cuando finalizamos la travesía oceánica me dijo: “Si alguna vez recalas por mi casa, siempre serás cómo uno más de la familia”. Pero jamás le volví a ver.
Intenté variar el rumbo de la conversación porque se me estaban enturbiando los ojos. A bordo de Elcano, Manu siempre se estaba metiendo en líos.
-El chifle que le robaste al contramaestre te jodió bien jodido, Manu.
-No aguantaba el silbato de aquel cabronazo.
-Pero lo malo fue cuando se enteró que lo habías tirado por la borda, por eso media travesía te la pasaste de gaviero, coño.
-Y mientras tanto tú, haciéndote la picha un lío con el sextante.
Recuerdos, anécdotas,…La mente de Manu estaba en perfecto estado de revista y enlazaba recuerdo tras recuerdo vivido por él en primera persona. Le dejé hablar sin interrumpirle, porque me sabía de pe a pa toda su vida…..Me señaló dos fotografías…
Recuerda su estancia en el Narval S-64. El submarino S-64 Narval causó baja en abril de 2003, en la Lista Oficial de Buques de la Armada, en un acto que tuvo lugar en el muelle del Arsenal de Cartagena. Él estuvo presente.
Como dato anecdótico de este submarino que ya es historia, citaré que a lo largo del verano de 1975, cuando efectuaba su alistamiento previo a su entrega a la Armada, se estableció todo el llamado "protocolo de pruebas", en el que se concretaron todas las fechas en que se debían realizar las diferentes pruebas que debía pasar antes de causar Alta.
O sea que se fijaron las fechas que debería "correr la milla", que debería efectuar su primera inmersión, que bajase por primera vez a cota máxima, que tirase su primer torpedo de ejercicio, y toda la parafernalia y coñas marineras que conllevan esa especie de bautizo.
El colofón a todo ese programa de pruebas, sería el Alta Oficial del buque en la Armada, y por tanto el primer izado de la bandera nacional en su asta de popa, que se había establecido para el 20 de noviembre de 1975.
Lógicamente, nadie en el verano de ese año podía imaginar que la fecha fijada para el Alta en la Armada iba a coincidir con la muerte de Franco.
Así que llegado el día, se pospusieron todos los actos 48 horas, de modo que el Alta Oficial, y por tanto el primer izado de bandera en su asta de popa se efectuó el 22 de noviembre de 1975, justo a la misma hora en que las Cortes proclamaban a Juan Carlos I como Rey de España. Por cierto, y puesto que ese día estaba decretado el luto nacional, la bandera según se izó por primera vez a tope, fue inmediatamente arriada a media asta.
Manu se levantó penosamente del sillón y desclavó de la pared unas fotografías que recogían distintas instantáneas de su otro gran amor naval:
El Marsopa S-63.
El 28 de mayo de 1978 se celebró el Día de las Fuerzas Armadas, y entre la tripulación del submarino Marsopa S-63, en aguas de Cartagena se escuchó la orden de zafarrancho de combate. Fueron 12 horas de ejercicio, siete de ellas sumergidos. Coincidieron con unas maniobras de adiestramiento, de las que se llevaban a cabo periódicamente para mantener y elevar el grado de instrucción de las unidades de la Armada. El ejercicio previsto para aquel día se dedicó a la lucha antisubmarina.
Y el Marsopa S-63 era la presa a cobrar.
Comenzó la carrera. Durante las 12 horas que duró la travesía, la fragata Extremadura, y el destructor A. Valdés fueron a degüello tras el Marsopa. La persecución comenzó en mar abierto y hasta allí navegó el submarino en superficie hasta la zona prevista para los ejercicios.
A bordo del Marsopa comenzaron a escucharse por el interfono las expresiones “India Charlie”, “Lima Tango”, “Alfa Quebec”, “Eco Kilo” y la fatídica “Óscar, Óscar, Óscar”. Esta última es la que indica que el submarino ha sido hundido.
En el Marsopa S-63 había dos camas por cada tres individuos, lo que equivalía a dormir siempre “en cama caliente”, y que un tercio de la dotación estuviera de guardia mientras descansaban los dos tercios restantes en turnos de cuatro horas.
En aquellos tiempos tan sólo se disponía de cinco minutos de agua, suministrada tres veces al día, con un promedio de cinco a siete litros por persona, para alimentación e higiene, cuando se efectuaba un crucero de larga duración.
-Bueno Manu, ocurría igual en todos los submarinos. Siempre estábamos de mierda hasta las cejas y en el Tramontana teníamos goteras y los mamparos comenzaban a sudar en cota de 50 metros.
-Total, que en el S-63 éramos 56 tíos oliendo a chotuno, a grasa, aceite y gas-oil; el comandante, siete oficiales, 15 suboficiales y 33 marineros.
El S-63, era de la clase Delfín y había sido construido en Cartagena, con licencia franchute. Su destino final fue un desguace que lo convirtió en chatarra.
-Quedó como yo lo estoy ahora, varado tierra adentro.
-Tú no estás varado, Manu, no me jodas.
-¿Ah no?.....¿Y vivir así, recluido en una residencia para ancianos, no es estar varado?...Ahora sólo falta que me desguacen….
-¿Y tu hijo qué dice a eso? Porque fuiste tú quien se largó de casa.
-El casado, casa quiere. Pero de eso a compartirla con un viejo va un abismo. Y cuando uno ve que está de más y molesta, lo mejor es liar el petate y saltar por la borda.
-Aquí estás muy bien cuidado. Es una residencia de lujo, coño, no te quejes.
-Mis buenos cuartos me cuesta. Menos mal que años atrás ahorré tela marinera, que si no ahora me vería en un asilo.
-Eso es cierto. Algo se pudo ahorrar Cuando currábamos en las plataformas submarinas de la Texaco y B.P. ganábamos pasta por un tubo.
-Si, pero lo malo era cuando después de 14 días de guardia, venía el pájaro a recogernos y nos trasladaba otros 14 días a tierra firme.
En aquellos lejanos tiempos, tras causar baja voluntaria en la Armada, Manu y yo trabajamos al alimón para la Texaco Oil Company y para la British Petroleum. Trabajo muy duro, tanto en la sección de motores y de bombeo con Manu como principal responsable, mientras que yo me pasaba el día en remojo revisando y cambiando válvulas, soldando estructuras y a la hora de emerger a superficie, jugándome diariamente el pellejo con cada descompresión.
Pero éramos jóvenes, teníamos dólares a espuertas y 14 días de juerga para poder gastarlos alegremente.
-La verdad es que cuando llegaba el helicóptero se me alegraba el cuerpo, pero sabía de antemano que me iba a fundir parte de mis ahorros.
-Con todo y con eso, tú eras más ahorrador que yo, Manu.
-Tú no tenías porqué serlo. En España no tenías una parienta fija, y yo sí. Y además tenía un hijo y yo quería que de mayor ingresara como cadete en la Naval de Marín….
Ahora, cuando estoy escribiendo este relato, me acuerdo que observando su tez cerúlea a través del cristal en el velatorio, pensé que de nada le sirvió a Manu sacrificarse en vida por su mujer e hijo. Su mujer le abandonó, (demasiados meses de ausencia en la mar, lejos del hogar), y su hijo jamás ingresó en la Naval de Marín. Ni siquiera había asistido a su entierro.
La Texaco y la BP andaban a hostia limpia perforando pozos hasta en el coño de sus pajoleras madres. Con tal de extraer 10 millones de barriles más al día la una de la otra, todo era válido. Se compraban Gobiernos y también sicarios-saboteadores expertos en demoliciones submarinas, debido a lo cual cada compañía petrolera tenía sus propios equipos de contra-saboteadores.
Manu, en sus horas libres formó parte voluntariamente junto a los submarinistas de mi equipo que hasta en tres ocasiones tuvimos que estar de guardia permanente bajo una plataforma de la Texaco en el Golfo de Maracaibo.
La mayoría de elementos que componían los equipos de sabotaje eran súbditos de Su Graciosa Majestad, ex miembros de la Royal Navy, que lo mismo le adosaban una carga explosiva a una plataforma yanqui que a otra inglesa. La cuestión era joder el ritmo de producción y paralizar por un par de días la extracción de crudo.
-Ten en cuenta que con sólo poner una carga explosiva en una válvula de aspiración, se iba a tomar por saco el invento y hasta que no se sustituía por una nueva, todo Dios mano sobre mano sin dar capazo….
-Bueno Manu, todo Dios menos mi equipo, que éramos los encargados de efectuar las reparaciones, no me jodas…
-Oye Pepelu, que yo también me la jugué alguna vez ¿eh?
-Y bien que te la jugaste, capullo. Y encima no cobrabas por las inmersiones.
-No te iba a dejar en la estacada con los hijoputas de la Royal Navy
-Ya lo sé viejo, “Ad Utrumque Paratus” ¿te acuerdas del lema?.
-Así es, camarada….siempre lo hemos estado…Preparados Para Todo, menos para esto,…La Armada no nos preparó para morir de viejos, más solos que la una y comidos por un puto cáncer……
-Esta Nochebuena la pasas en mi casa. Te vengo a buscar el lunes 23.
-Ni se te ocurra venir. El lunes tengo sesión de quimio en el Marañón.
-Bueno, pues el martes 24.
-No insistas, Pepelu. Después de cada sesión me quedo hecho polvo. Y no temas por mí,…estoy preparado para la inmersión final,,,,
Creo que aquellas fueron las últimas palabras que oí en su boca. Las pronunció en voz baja, con un resuello que se convirtió en sollozo. Yo a mi vez aguanté cuánto pude para no unirme a su llanto.
Dándole un abrazo le dije:
-Nos vemos para Reyes, ¿vale?
Pero no obtuve respuesta.
Este es el fin de un relato, que tal y como le comenté en un e.mail privado a un entrañable amigo de Blogger, le debía a este otro gran amigo y camarada que ya no está entre los vivos. Ahora su cuerpo físico ya no permanece varado tierra adentro. Sus cenizas regresarán a la mar. Ahora su espíritu está navegando con todo el trapo arriba rumbo a la última frontera.
Creo que el Gran Almirante Celestial lo habrá acogido en el cielo, de mejor grado que sus familiares le acogieron y despidieron aquí en la tierra.
Y quiero cerrar esta entrada con parte del mismo texto que figuraba en el e.mail privado que le remití a mi entrañable amigo de Blogger. Fueron unas letras premonitorias puesto que hace unos días, velando el cadáver de Manu, me sucedió:
“Llorar en silencio me consuela. Es como abrir el alma de par en par y dejar que se oree. Cuando a uno se le saltan las lágrimas, de alguna forma te liberas del lastre que has ido acumulando en la vida y al llorar lo arrojas por la borda. Es un acto semejante al que ocurre cuando estando a bordo, una ola invade la cubierta y el agua retorna a la mar colándose por los imbornales de babor y estribor. Aunque después estalla otra rociada y vuelta a empezar. El ciclo no se detiene hasta que amaina el temporal.
Esa ha sido mi vida. Temporal tras temporal. Con mi alma empapada pidiendo el cese de la tormenta. Ni siquiera ahora, a punto de cumplir 72 años, he conseguido maniobrar para poner mi alma al pairo. Y lo que a mí me sucede de igual forma les ha sucedido a muchos de mis compañeros de armas, a los que por cierto tengo que recordar mediante un post que saldrá en breve a la luz, máxime porque antes de Navidad visité a uno de ellos internado en una residencia para ancianos y salí con mi alma rota en mil pedazos.”
Este ha sido mi recuerdo hacia él en un post.
Y esta la oración que recé ante el cadáver de Manu:
“Cuando ruges furiosa, y tus manos en forma de montañas de blanquecina cresta intentan golpear mi rostro, entiendo que debo esperar a que tus aguas se calmen hasta mostrar mi reflejo. Es entonces cuando navego acariciando la superficie de tu cuerpo. Después, penetro en la profundidad de tu misterio y descubro tus secretos.
He estado varias veces a punto de dejar mi mundo para quedarme para siempre en el tuyo; pero tú siempre me has ofrecido el billete del retorno, permitiéndome tan sólo ser tu pasajero.
Me convertiría en firmamento con tal de poder besarte en la línea del horizonte, y notar en mis labios tu húmedo y salado contacto, y allí, escondidos entre la calima matinal, allí donde desaparecen hasta las más altas cofas, fundirnos en un abrazo eterno.
Perdóname por todas las veces que con mi proa he cortado tu danza azul, y por la fugaz cicatriz que mi estela te ha dejado. Gracias por abrigarme en tu puerto, por dejarme dormir en tu seno, ofrecerme tus frutos, y por permitirme nacer justo donde tú mueres.
Ahora sólo me queda pedirte que cuando llegue mi día, me dejes descansar en tu sagrado lecho, hundirme en tu abismo, perderme en tu piélago para así, viajar juntos hasta morir en la última playa.”
José Luis de Valero.
VARADO TIERRA ADENTRO
VARADO TIERRA ADENTRO por devalero
Juan Sebastián de Elcano.
Velas de la Libertad.