
Con este post sólo intento refrescar la memoria de un más que fanático colectivo católico, empeñado en defender lo indefendible respecto a la perversa relación que siempre ha existido entre la Iglesia y el Estado, ese aberrante monstruo de dos cabezas al que me refería en otro de mis post. Como ejemplo de mortal aberración, hoy toca Argentina, aunque su vecina Chile, años antes tampoco se había librado del genocidio.
Cuando las FFAA de Argentina tomaron el poder en 1976, la estrecha relación existente entre el clero y los militares golpistas y genocidas argentinos, se vio reafirmada por la cercanía de los militares en el poder con monseñor Adolfo Servando Tortolo, Arzobispo de Paraná a la cabeza, que además y por si fuera poco, oficiaba como vicario castrense de las FFAA, a la vez que ostentaba la presidencia de la Conferencia Episcopal Argentina. O sea, que al monseñor de marras le llovían los cargos y estaba muy ocupado en sus labores “pastorales”. Y si lo entrecomillo tengo mis motivos como se verá.
El 23 de septiembre de 1975, meses antes de producirse el golpe militar, en una homilía pronunciada frente al general Roberto Viola, jefe de Estado Mayor del Ejército, otro monseñor del carajo, Victorio Bonamín se preguntaba: “¿No querrá Cristo que algún día las FFAA estén más allá de su función?”. Esa frase obtuvo un inmediato aplauso y seguimiento, porque el 29 de diciembre, el Arzobispo Tortolo revestido de pontifical profetizó al más puro estilo hitleriano que se avecinaba “un proceso de purificación”. Así, con dos cojones.
Cuando los golpistas tomaron el poder en 1976, las máximas autoridades de la Iglesia Católica apoyaron el golpe. Y el Vaticano calló, como de costumbre. Los obispos estaban convencidos de que el nuevo gobierno sería una barrera que pondría fin al avance de la izquierda. Varios obispos legitimaron con argumentos teológicos el plan sistemático de exterminio ideado por los militares.
Se referían a la acciones represivas y futuras masacres con frases como “cuando hay derramamiento de sangre hay redención”; “Dios está redimiendo, mediante el Ejército, a la nación argentina”; “el país se encuentra en una Guerra Santa en defensa de Dios y en contra de los enemigos de la patria”, y varias frases más por el estilo, por lo que los mandos militares, convertidos en una especie de Cruzados o Ayatollhás de la pampa, se liaron a hostias con el pueblo indefenso al que masacraron sin piedad.
El vídeo que veréis a continuación trata sobre los Vuelos de la Muerte, bendecidos por el genocida Arzobispo Tortolo. Y eso no lo digo yo: En el vídeo lo afirma con pelos y señales un oficial de la Armada Argentina encargado de lanzar al Atlántico Sur desde un avión, a las personas condenadas a muerte por la dictadura militar. Y esas personas no eran cadáveres. Estaban vivas.
El apoyo del sátrapa castrense llegó al punto de defender la tortura en las asambleas episcopales, con argumentos extraídos de teólogos y pontífices medievales. Al respecto, el genocida Adolfo Scilingo (al que podréis ver y escuchar en el presente vídeo), confesó que los métodos practicados en los “Vuelos de la Muerte” tuvieron el consentimiento de la jerarquía eclesiástica, según la cual “la tortura sólo era considerada pecado en tanto superara las 48 horas de martirio”, credo inquisitorial que por cierto manda huevos. Algunos torturadores declararon que “cuando teníamos dudas, nos dirigíamos a nuestros asesores espirituales, y estos nos tranquilizaban con sus pláticas”. Numerosos testimonios prueban el empeño puesto por varios vicarios al momento de darle una “explicación cristiana” a los métodos utilizados, justificándolos al decir que “incluso en la Biblia está prevista la separación de las malas hierbas del trigo”. Adolfo Scilingo fue juzgado en Madrid y condenado a prisión de por vida.
El hideputa (¿puedo llamarlo así, no sea caso que de nuevo se ofendan los católicos radicales?) del Arzobispo Tortolo legitimó la represión y la tortura. El joputa de Tortolo era de los pocos sacerdotes que conocían el plan sobre un golpe de Estado. Videla, como buen dictador, se confesaba casi a diario con él pidiéndole consejo, al que el Arzobispo Tortolo, definitivamente, “alias” hijoputa, contestaba que creía conveniente el cambio de gobierno y la aplicación de la máxima dureza a los disidentes. En los años de la última dictadura militar en Argentina, un grito se contagió de boca en boca: “Iglesia, basura, vos sos la dictadura”.
En su biografía, extraída de los propios archivos vaticanos, puede leerse: “Con respecto a su paso y pastoral labor durante la dictadura militar argentina, sólo los que le trataron muy de cerca saben de sus angustias y de todo el silencioso bien que hizo. Tenía influencia y prestigio en la Fuerzas Armadas y los empleó mitigando excesos y curando heridas. Los que lo conocieron bien de cerca, saben que hizo lo humanamente posible, y tal vez un poco más”.
El Estado Vaticano ya sabemos de qué pie cojea,… en las biografías religiosas siempre tan magnánimo con sus “pastores”. Pero yo creo que para completar su misión “Pastoral”, el hijoputa del Tortolo se quedó corto. Le faltó dar personalmente la Extremaunción a las más de cuatro mil cuatrocientas personas que fueron lanzadas al Atlántico desde un avión en pleno vuelo.
PENA DE MUERTE EN NOMBRE DE DIOS por devalero

